sábado, 19 de mayo de 2018

20 de mayo de 1902 Cuba, ¿República independiente o neocolonia de Estados Unidos?





.Orlando Guevara Núñez

Antes de 1959, en Cuba se celebraba el 20 de mayo como día de la independencia. Se nos decía en las escuelas que ese día había nacido la República independiente, que había cesado el dominio español y desde entonces teníamos la más plena libertad. Todo eso, se agregaba, gracias a la “generosa ayuda” del gobierno de los Estados Unidos, a quien debíamos  eterno agradecimiento.
Nuestra historia había sido totalmente falseada, en interés de los gobiernos de turno y de sus amos imperiales. La cruda verdad es que el 20 de mayo de 1902 Cuba dejó de ser colonia de España para convertirse en neocolonia de los Estados Unidos de América.
En 1898, después de 30 años de heroica lucha, el Ejército Libertador Cubano tenía virtualmente derrotado al ejército colonial español. Ya España no podía sostener la guerra desde el punto de vista militar, ni económico, ni político. La moral colonial se había desplomado ante el empuje del independentismo.
Fue ése el momento aprovechado por el gobierno de los Estados Unidos, tomando como pretexto la explosión del vapor El Maine, para satisfacer sus viejos deseos de intervenir en Cuba y materializar sus sueños de anexión. Sólo con el apoyo del Ejército Libertador Cubano (Mambì) pudieron lograr el objetivo de desembarcar y vencer en los postreros combates al ejército colonial. Esa, la llamada guerra hispano-cubano-norteamericana, sería calificada por el líder del proletariado mundial, Vladimir Ilich  Lenin, como la primera guerra imperialista en la historia de la humanidad.
Pero terminada la contienda bélica, ¿Fue Cuba verdaderamente libre? ¿Fue altruista o infame el gesto del gobierno de los Estados Unidos?
Una breve ojeada histórica demuestra todo lo contrario a lo que nos enseñaban en las escuelas, con pocas excepciones de educadores patriotas que se esforzaban por desentrañar la mentira.
El 10 de diciembre del mismo 1898, tiene lugar el Tratado de Paris, que ponía fin oficialmente al colonialismo español en Cuba. La primera gran injusticia y ofensa a la dignidad de los cubanos, fue su exclusión de esa negociación. Estados Unidos negoció una libertad que no había ganado y España “renunció”  a un derecho que había perdido frente a los cubanos.
Estados Unidos no estaba dispuesto a desarrollar una guerra armada contra el ejército revolucionario cubano que había derrotado a una potencia colonial después de tres décadas de cruentas luchas. Y preparó las condiciones para apropiarse de la Isla por una vía menos costosa en la cual debía ganar, además, el crédito de libertador.
Concluida la guerra, el ejército norteamericano mantuvo su ocupación y en sus manos y las del gobierno de ese país quedaban maniatadas la libertad y la independencia del pueblo cubano.
El 16 de junio de 1900, por la Orden Militar 164, norteamericana, se celebran las  primeras  elecciones de alcaldes, concejales, tesoreros, jueces municipales y correccionales. La llamada democracia norteamericana ponía de relieve su verdadera esencia. Podían votar sólo los hombres mayores de 21 años, no podían hacerlo las mujeres, había que saber leer y escribir, tener un capital de no menos de 250 pesos o haber servido en el Ejército Libertador, sin  “notas desfavorables” en su expediente.
Por esas y otras  restricciones impuestas, sólo el 14 por ciento de la población con edad para hacerlo ejerció el voto. No obstante, los resultados no fueron los esperados para la potencia imperial.
Iguales elecciones tuvieron lugar en junio de 190l. Pero con mayores limitaciones a las que se sumaron medidas coercitivas y fraudes para garantizar una mayoría de votos a favor de los candidatos que representaran los intereses yanquis.
Otra Orden Militar, esta vez la 91, rigió las reglas de esas elecciones. Los electores sólo podían elegir al 60 por ciento de los concejales. Se rechazaba la inscripción de personas con derecho a hacerlo. Se ocultaron las listas de electores a los votantes para que éstos no pudieran verificar si sus nombres figuraban en ellas. Se cambiaban nombres, lo que invalidaba luego el voto. Se utilizaron coacciones, se instrumentaron rejuegos en las mesas electorales y se negó el voto a los participantes  en las gestas independentistas contra España. De esa “lección democrática” aprendieron luego los sucesivos gobiernos cubanos amamantados por los Estados Unidos de América.
Al llegar las elecciones presidenciales de 1901, los atropellos a la nación cubana fueron mucho más allá. Tres candidatos hubo inicialmente para esos comicios. El Generalísimo Máximo Gómez Báez, héroe de las gestas independentistas cubanas, al ver los rejuegos que dominarían ese proceso, renunció a su candidatura. Igual lo hizo otro patriota, el Mayor General Bartolomé Masò, quien se opuso a acatar los designios norteamericanos para esas elecciones.
Siendo así, un solo aspirante quedó para las votaciones: Tomás Estrada Palma, quien había sucedido a José Martì como Delegado del Partido Revolucionario Cubano y para su aspirantura debió renunciar a la ciudadanía norteamericana, que poseía desde 26 años atrás. Este hombre, que había traicionado el ideal y la causa martiana y era incondicional al gobierno yanqui, accedía de esa forma al poder, en unas elecciones donde votó apenas el 7 por ciento de los cubanos con edad para hacerlo.
Pero eso no bastaba a los intereses norteamericanos en Cuba. Se necesitaba algo más seguro, más eficaz. Y surgió de esa forma la Enmienda Platt.
El 28 de febrero de 1901, el senador norteamericano Orville H. Platt, propuso una enmienda a la Ley de Gastos del Ejército, la cual, una vez aprobada por su país, debía anexarse a la Constitución cubana que regiría la nueva República. O aceptación de esa enmienda o se mantendría a Cuba bajo la ocupación militar. Esa fue la disyuntiva.
Fue una enmienda que ataba a Cuba en lo militar, lo político y lo económico, al designio de los Estados Unidos.
Uno de sus artículos, separó a  Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud) de la jurisdicción cubana, afrenta que se mantuvo hasta 1925. Otro atribuía a Estados Unidos el derecho a las intervenciones militares en nuestro país, bajo el falso pretexto de conservar la independencia, mantener un gobierno adecuado, proteger vidas, propiedades y la libertad.
Cuba estaba obligada también al arrendamiento de servicios a Estados Unidos para que éste pudiera mantener la independencia y proteger la defensa de la Isla. De ese engendro nació la actual Base Naval de Guantánamo, que aún se mantiene contra la voluntad del pueblo cubano y es utilizada como centro internacional de torturas y crímenes por el gobierno norteamericano, pese a las reiteradas denuncias hechas en los más altos organismos internacionales.
Cuba, además, quedaba impedida de establecer tratados o convenios con otro poder, ni adquirir deudas públicas que no fueran con el gobierno imperial.
El propio Tomás Estrada Palma, disolvió el Partido Revolucionario Cubano fundado por José Martì para hacer la Revolución y dirigir luego los destinos de la nación cubana. El Ejército Libertador había sido disuelto. ¿Cuál independencia y cuál libertad, les quedaba a los cubanos cuando el 20 de mayo de 1902 fue proclamada la República?  Después de 30 largos años de lucha, ¿República independiente o  neocolonia norteamericana?
El mismísimo gobernador militar estadounidense en Cuba durante la ocupación, Leonard Wood, dejó claros los resultados y las proyecciones a raíz de la aplicación de la Enmienda Platt. “Por supuesto que a Cuba se le ha dejado poca o ninguna independencia con la Enmienda Platt y lo único indicado ahora es la anexión (…) Es bien evidente que está absolutamente en nuestras manos (…) Con el control, que sin duda pronto se convertirá en posesión, en breve prácticamente controlaremos el comercio de azúcar en el mundo (…) La Isla se norteamericanizarà gradualmente y a su debido tiempo contaremos con una de las más ricas y deseables posesiones que haya en el mundo”.

La verdadera independencia, libertad, soberanía y libre autodeterminación, tendría que esperar 60 años más, hasta que el primero de enero de 1959 fue proclamado por el Comandante en Jefe Fidel Castro el triunfo de la Revolución cubana.
En esa verdad histórica, reside el odio visceral de los gobiernos norteamericanos y los reaccionarios de origen cubano a nuestro proceso revolucionario. Por eso, para esa jauría de lobos, el 20 de mayo continúa siendo una “fecha patriótica”  utilizada  para reverdecer su rabia y sus histéricos  aullidos contra Cuba. 



Sentido homenaje a José Martí ante su tumba




.Orlando Guevara Núñez

Miles de santiagueros y santiagueras, de todas las edades, acudieron  temprano hoy al cementerio de Santa Ifigenia, a rendir homenaje al Héroe Nacional cubano, José Martí, en el aniversario 123 de su caída en combate, en Dos Ríos, frente al ejército colonial español.
El tributo comenzó con un depósito de ofrendas florales, junto a la urna que atesora los restos del Apóstol de la independencia cubana,  dedicadas por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba; Miguel Díaz Canel Bermúdez, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, y del pueblo de Cuba.
Encabezaron el homenaje Lázaro Expósito Canto, máximo dirigente del Partido en Santiago de Cuba y Beatriz Jhonson Urrutia, vicepresidenta del Consejo de Estado y presidenta de la Asamblea Provincial del Poder Popular, ambos integrantes del Comité Central del Partido.
Esta  mañana, el dolor en el Santa Ifigenia fue multiplicado. Un silencio impresionante o voces en susurro. Expresiones de condolencia por los fallecidos en el accidente aéreo de ayer en la capital cubana. Atención al discurso de homenaje al Maestro.
El recuerdo de nuestro José Martí tiene tanta fuerza de presencia, que uno palpa sus pensamientos materializados en la obra  de la Revolución. No  son ideas pasadas, sino motoras del presente y del futuro.
En este lugar sagrado de la patria, uno, en solo una mirada, abarca la historia gloriosa del pueblo cubano. Aquí está, como ceiba fecunda, Mariana Grajales Coello, La Madre de la Patria; al lado, el Padre de la Patria, el Hombre de Mármol; y, junto al Mausoleo Martiano, también Fidel Castro Ruz, el eterno Comandante en Jefe, de quien el pueblo cubano sigue recibiendo y cumpliendo `órdenes.
Abrazados en el homenaje, uniformes escolares y de jóvenes cadetes; combatientes de la Revolución, obreros, dirigentes políticos y de las organizaciones  de masas, junto a oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior. La historia convertida en pueblo.
Así, sencillo y profundo como él, fue el homenaje a José Martí en el Santa Ifigenia, donde, más que reposar, sus restos parecen  erguirse y romper los mármoles para fundirse, como constructores, con el pueblo cubano… y más allá.

viernes, 18 de mayo de 2018

Un deseo de Martí cumplido con creces




.Orlando Guevara Núñez

Los cubanos conocemos en deseo de nuestro Héroe Nacional, José Martí, expresado en uno de sus Versos Sencillos, relacionado con su muerte: Yo quiero cuando me muera / sin patria, pero sin amo / tener en mi losa un ramo / de flores y una bandera.
Y allí en la urna que atesora sus restos en el cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, no faltan la bandera y las flores, dedicadas por un pueblo agradecido en el cual está enraizado su recuerdo.
Pero hubo otra ocasión en que el Apóstol de la independencia cubana expresó para la ocasión de su muerte. fue en 1894, en carta dirigida a   Román Mayorga Rivas, de origen nicaragüense y nacionalidad salvadoreña, poeta y periodista, en ocasión de la muerte de un hermano de éste, caído en Honduras luchando por la libertad de ese pueblo. José María Mayorga Rivas, se nombraba el héroe, también poeta.
 “Y yo envidio esa abnegación sublime de dar la propia vida porque vivan libres y felices  los demás”  y agrega  que “sobre la tumba de su hermano han debido plantar no un ciprés, sino una bandera, y al pie de la bandera, laureles, muchos laureles, porque eso piden  y requieren las tumbas de los héroes que mueren en el campo de batalla peleando por la libertad”
Y es entonces cuando expresa otro deseo: “ Y  yo quisiera merecer para la tumba mía, eso: la bandera de mi estrella solitaria; pero no los laureles, sino rotas al pie del asta enhiesta, las cadenas coloniales, tan infamantes y aborrecidas”.
Y ese deseo de Martí está cumplido con creces. Porque su pueblo rompió  no solo las cadenas coloniales de España, sino también las cadenas neocoloniales de los Estados Unidos. Y allí, junto a su tumba, junto a las flores y su bandera de la estrella solitaria, reina la eterna  ofrenda de la libertad e independencia por  las que él ofrendó su vida.

miércoles, 16 de mayo de 2018

El campesino cubano: la verdad temida en Lima




Orlando Guevara Núñez
Durante la recién celebrada Cumbre de los Pueblos en Lima Perú, los campesinos cubanos fueron excluidos. Se negó arbitrariamente la participación de una organización de la sociedad civil cubana que agrupa hoy a unos  380 000 miembros. Las  razones son evidentes: ni al imperio norteamericano, ni a su Ministerio de Colonias – la OEA- convenía que se escuchara allí su palabra, su verdad.
El ejemplo de la obra de la Revolución relacionado con la propiedad de la tierra no es solo ocultado, sino, además, tergiversado. Lea y juzgue el  lector.
 La Reforma Agraria, que cumple 59 años este 17 de mayo, fue y sigue siendo el todo del campesinado cubano. No sólo por la propiedad de la tierra que otrora trabajaban sin ser sus dueños. Ni tampoco por haberse eliminado el odioso y criminal  latifundismo. Esa Ley transformó totalmente la vida de nuestros pobladores del campo en sus condiciones de trabajo y de existencia. La salud, la educación, la cultura, el deporte, el sistema crediticio, la seguridad de mercado, el apoyo en equipos y técnicas de cultivo, el respeto a la dignidad humana y la plena y activa incorporación a la sociedad, no han dejado de fortalecerse durante este más de  medio siglo.
Los campos cubanos albergaban a un campesinado que había luchado con bravura por la libertad e independencia de la Patria, desde el 10 de octubre de 1868, inicio de la Guerra de los Diez Años, encabezada por Carlos Manuel de Céspedes, hasta la epopeya guerrillera conducida por Fidel desde el 2 de diciembre de 1956, coronada con el triunfo revolucionario del 1ro. de enero de 1959. Pero siempre había sido traicionado.
Ese campesinado, según una encuesta publicada en 1957 por una organización de la Juventud Católica, en un 96 por ciento no consumía carne habitualmente, menos del 1 por ciento comía pescado, apenas el 2 por ciento incluía el huevo en su dieta, mientras que 89 de cada cien no tomaban leche. La mortalidad infantil sobrepasaba la tasa de 60 por cada mil nacidos vivos, el analfabetismo estaba por encima del 40 por ciento y el desempleo de los obreros agrícolas era abrumador, pues sólo había empleo unos tres meses al año.
El Artículo 90 de la Constitución cubana de 1940, prohibía el latifundismo, pero  se quedó esperando por leyes complementarias o decretos que lo hicieran realidad. El latifundio era cada vez más poderoso, los campesinos cada vez más pobres y abandonados, a la vez que la nación sufría la estrangulación extranjera que explotaba a los cubanos y les robaba sus riquezas, con la complicidad de una burguesía terrateniente entreguista, incapaz incluso de defender los intereses nacionales ante el imperio todopoderoso.
Se hacía en Cuba, con  los campesinos, lo que sucede hoy en la mayoría de los pueblos de nuestro continente. Puede afirmarse, con toda razón, que la Reforma Agraria expropió de forma legal, lo que los monopolios norteamericanos habían expropiado a la nación mediante fraudes. Los desalojos, los fraudes, recurriendo incluso al asesinato. El 19 de abril de 1905, la norteamericana Nipe Bay Company, de Jersey City, adquirió, por la burlesca cifra de cien dólares, 3 713 caballerías, es decir, unas 49 800 hectáreas.
En Cuba, las empresas azucareras abarcaban más de 200 000 caballerías, y más de 300 000 las dedicadas a la ganadería. O lo que es lo mismo: alrededor del 25 por ciento del área total del país. El latifundismo extranjero y local engordaban sus arcas con el sudor, la miseria y la sangre del campesinado cubano.
Y esa injusticia y ese abandono rural fue lo que erradicó en fecha bien temprana la Reforma Agraria cubana. Más que reforma, al decir de Fidel, una Revolución Agraria.
Y no solo más  100 000 campesinos fueron hechos propietarios,  sino que más de 200 000 familias del campo fueron beneficiadas con tierras y empleo permanente, y los campos cubanos comenzaron a salir de la bárbara explotación y del abandono padecido durante siglos. Para nuestros hombres del campo, cesarían para siempre los desalojos, los atropellos y crímenes que habían costado la vida a centenares de campesinos, entre ellos a los líderes Niceto Pérez y Sabino Pupo.
Los latifundistas expropiados fueron de inmediato a buscar refugio y apoyo- que no les faltó- en los Estados Unidos. Y ese gobierno se opuso a la ley agraria cubana y trató de impedirla, creyendo que podía actuar como lo había hecho antes  del triunfo de la Revolución. Cuba  indemnizó a los expropiados, menos a los norteamericanos, que se negaron a aceptar el pago. Creían, desde luego, que la Revolución duraría poco, que no resistiría sus presiones y agresiones, y las tierras volverían a manos de los explotadores.
La estupidez y el cinismo del gobierno norteamericano, llegan al ridículo de decir que quieren ayudar a los campesinos cubanos para que incrementen su producción. Piensa que puede engañarlos, incluso virarlos contra la Revolución. Si la intención de ayuda fuese cierta, la medida más eficaz sería eliminar el bloqueo económico, comercial y financiero que a nuestro campesinado también en mucho perjudica.
A campesinos  dueños de sus tierras y de su producción, con acceso total a la salud y la educación gratis, con su vejez asegurada, con mercado suficiente para todo lo que produzca y a buenos precios, con plena libertad y derechos, sin el flagelo de los desalojos, sin latifundistas que los exploten, ¿Qué podría ofrecerles el imperio yanqui? Ante esa patraña, vale repetir el nombre de un conocido programa humorístico cubano: ¡A otro con ese cuento!
Este 17 de mayo nuestros productores agrícolas celebrarán su día de felicidad, de gloria y de victoria. Celebrará  el sueño realizado que  quiso ocultarse en Lima. Y tendrán muy presente un nombre raíz de esos logros: Fidel Castro Ruz.